Una película que dura casi dos horas y media, pero que os gustará. Una película humana que nos muestra entre risas y un nudo en la garganta el racismo de una época. Me ha gustado la interpretación de protagonistas y secundarios, creo que todos tienen su momento, lo cúal engrandece al director. La película narra, a través de palabras y miradas, las humillaciones que a diario se ven obligadas a soportar las sirvientas de color que trabajan en la America del Sur para familias blancas. Sin recurrir a la lágrima fácil, y no exenta de fina ironía, va desgranando el día a día de estas mujeres que bordean a diario la línea entre la sumisión absoluta y el orgullo inquebrantable. Ha habido momentos en los que escuchando sus relatos me han hecho a la vez llorar y reir, llorar de sentir la humillación que estaban sintiendo y reir al ver que incluso ellas deben tomarse la vida a broma para no sufrir. Es una película que con gran sencillez nos muestra una gran verdad. De todas maneras ni todos son tan buenos, ni todos son tan malos…






